Star Wars y la filosofía
Se acababa el curso. En uno de
sus últimos días tres alumnos de bachillerato, venciendo los calores del
verano, hablaron durante una hora del trasfondo filosófico de una saga bien
conocida por el público: Star Wars. La idea era alejarse de la disertación y hacer
espectáculo, pero sin dejar de hacer filosofía; y si no podía ser sólo
disertación tampoco podía ser sólo entretenimiento; tenía que ser, por fuerza,
una charla-espectáculo.
Eso
implicaba tres cosas: primero, que la palabra debía ceder el paso a la imagen;
segundo, que la imagen tenía que ser inteligente; y tercero, que tenía que
haber música, cine, fotografía, pintura y filosofía.
Se
habló de la galaxia (ya se sabe, una galaxia muy, muy lejana). De la forma que
en ella tenían de contar los años (pues las cosas sucedían antes o después de
la batalla de Yavín). Del paralelismo que hay entre Anaquín y Aquiles. De cómo
el pensamiento jedi sigue de cerca al estoicismo de Epicteto y, cómo no, al
espiritualismo de Platón. Y de cómo la ética de los sith es un antiplatonismo
donde el valor no le da la mano a la prudencia, y la concupiscencia, caótica,
acaba campando por sus respetos. Una cita de Homero, mejorada por Lincoln,
marcaba los jalones para recuperar el equilibrio de la fuerza.
En
esta misma línea sería interesante seguir trabajando. Y averiguar si la
filosofía puede embriagar y convertirse en espectáculo sin dejar de ser
filosofía. Ése es el reto: de nosotros depende disertar sin aburrir y divertir
sin caer en el vacío. Parafraseando a Kant, podríamos decir que las imágenes
sin pensamiento están ciegas y los pensamientos sin imágenes están huecos.
Pero
ahora es tiempo de disfrutar. Feliz verano, y que lo podáis llenar con palabras
que no estén huecas y con imágenes que no estén ciegas.

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